El trastorno por deficit de atención e hiperactividad en niños

Seguro que en más de una ocasión habéis escuchado que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no existe, incluso que se trata de una invención de las farmacéuticas. Todo este tipo de afirmaciones se encuentran lejos de la realidad, hay suficiente evidencia empírica para aceptar la existencia del TDAH. Existen gran cantidad de investigaciones que muestran el sustrato biológico que explica la sintomatología del trastorno, así como su susceptibilidad genética. El desconocimiento del trastorno puede llevar a falsas creencias, las cuales pueden conllevar terribles consecuencias al impedir una intervención temprana en niños afectados por el trastorno. En este artículo vamos a explicar en qué consiste el trastorno de déficit de atención e hiperactividad y sus posibles causas.

¿Qué es el TDAH?

En las primeras etapas de la infancia, e incluso en periodos concretos posteriores, es natural que los niños muestren dificultades para permanecer quietos y para concentrarse en una tarea concreta. Cuando realmente nos encontramos ante un caso de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es cuando estos síntomas se dan tan frecuentemente que interfieren en las capacidades de aprendizaje del niño, pudiendo ocasionar problemas graves en la educación si no se realiza un buen abordaje psicopedagógico.

El TDAH es uno de los trastornos más frecuentes en la infancia. Los niños con TDAH manifiestan con frecuencia y durante un largo periodo de tiempo una o más de las siguientes características; desatención, hiperactividad e impulsividad. Vamos a examinar cada una de ellas:

  • Falta de atención. Nos encontramos con dos propiedades de la atención que se ven afectadas, la atención selectiva y la atención sostenida.
    La atención selectiva se caracteriza por la capacidad de no cambiar el foco de atención a pesar de la existencia de estímulos distractores, es decir, centrarse en el estímulo importante e ignorar el resto. En niños con TDAH existe una gran facilidad para cambiar el foco de atención pudiendo provocar poca atención en los detalles, también acostumbren a realizar errores por descuido, no escuchar por prestar atención a otra cosa, perder objetos, olvidar tareas, distraerse fácilmente, mostrar dificultad para organizarse, etc.
    La atención sostenida es la capacidad para mantenerse concentrado en una tarea. Niños con TDAH pueden mostrar dificultad para continuar o finalizar tareas y desorganización o problemas para sostener un esfuerzo mental, siendo esto un inconveniente a la hora de solucionar problemas.
  • Hiperactividad. Los niños hiperactivos muestran un grado alto de actividad física. Nos encontramos ante niños que acostumbran a no parar de moverse, a abandonar el asiento, tienen dificultad para jugar tranquilos, etc.
  • Impulsividad. Los niños impulsivos tienen dificultad para controlar sus reacciones y no son capaces de evaluar la situación antes de actuar. Observamos que suelen hablar en exceso y sin pensar,   pueden no esperar su turno interrumpiendo en una conversación, etc.

La desatención puede ser un síntoma que pase más desapercibido, lo cual conlleva que en los casos donde existe un predominio de la sintomatología atencional se suela detectar el trastorno tardíamente, conllevando un peor pronóstico al no haber podido realizar una intervención temprana.

El TDAH es un trastorno crónico, se mantiene a lo largo del ciclo vital aunque va cambiando durante el transcurso de la vida. Antes se pensaba que los síntomas del TDAH disminuían en la adolescencia, pero en la actualidad se ha comprobado que solo disminuye en un tercio de los adolescentes.

No se trata de un trastorno de aprendizaje, ni de falta de conocimiento, ni está relacionado con el coeficiente intelectual, sino que consiste en un problema en la ejecución de las tareas que provoca un bajo rendimiento debido a una alteración de las funciones cognitivas básicas. Por ello, es imprescindible una intervención precoz para que el niño sea capaz de hacer frente a sus dificultades y evitar la aparición de problemas asociados.

¿Cuáles son las causas del TDAH?

No hay una total evidencia sobre las causas del TDAH. Pero los resultados de las investigaciones se inclinan hacia la hipótesis de una etiología multifactorial, es decir, las causas del TDAH se encontraría en una combinación de factores.

Factores genéticos. Investigaciones realizadas con gemelos apoyan la existencia de factores hereditarios en la probabilidad que se llegue a padecer el trastorno. En la misma dirección, estudios con parientes de primer y segundo grado de un niño con TDAH revelan mayor incidencia del trastorno.

Factores biológicos. Recientes estudios muestran que el desarrollo del cerebro de niños con TDAH es más lento. En concreto se ha encontrado que el engrosamiento de la corteza cerebral en niños con TDAH se produce tres años más tarde que en niños sin este trastorno. Por lo tanto, un niño de 10 años con TDAH presentaría un desarrollo de la corteza cerebral equivalente a un niño sin TDAH de 7 años. Este retraso madurativo es más notorio en las zonas prefrontales del cerebro, donde se encuentran las áreas involucradas en; la planificación, la regulación de la conducta, el cálculo de consecuencias,… todos estos procesos se encuentran alterados en el TDAH dando lugar a su sintomatología característica. Incluso se ha podido llegar a relacionar cada subtipo de síntomas (desatención, hiperactividad, impulsividad) con una anomalía en varias zonas especificas del córtex prefrontal.

Factores ambientales. Estilos de crianza inadecuados interactúan con los factores        neurológicos agravando el trastorno. Estos estilos de crianza inapropiados los        encontraríamos en familias con poco control de la conducta de los hijos, donde no hay       límites, y también en familias muy rígidas y críticas, donde se sigue un sistema de disciplina muy punitivo.

Finalmente, apuntar que el TDAH repercute en todos los niveles de la vida del niño. El retraso en el desarrollo de la capacidad de inhibir la conducta perjudica tanto en el rendimiento académico como en el ámbito de las relaciones con familiares, profesores y amigos, al mismo tiempo  también se ve afectado el plano emocional.

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