Cómo contribuir en el desarrollo emocional

El mundo de las emociones es complejo, ya que no podemos conocer directamente nuestras propias emociones, las debemos inferir a partir de los efectos que estas producen en nuestro cuerpo y comportamiento. Por ello, es primordial ayudar a los niños a detectar las emociones para fomentar su adecuado desarrollo emocional.

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Las emociones ya están presentes en nosotros desde el nacimiento, mediante expresiones rudimentarias mostramos; interés, incomodidad, disgusto y contento. Durante los primeros meses surgen las emociones básicas (irritación, tristeza, alegría, sorpresa y miedo), las cuales parecen estar programadas biológicamente. Posteriormente, de los dos a los tres años surgen las emociones complejas (desconcierto, envidia, culpa, vergüenza y orgullo), las cuales también dependen del desarrollo cognitivo, y además algunas de ellas como la vergüenza, la culpa o el orgullo tienen un componente autoevaluativo sobre cómo se percibe el propio niño. Es importante tener en cuenta este punto, ya que los padres pueden influir notablemente en como el niño vive las emociones autoevaluativas y autoconscientes. Por ejemplo, ante una tarea compleja superada correctamente un niño mostrará el orgullo sonriendo aplaudiendo o gritando, y ante una tarea fácil si no consigue llevarla a cabo podrá sentir vergüenza, que identificaremos por la postura, la mirada baja o declaraciones verbales. Un comportamiento muy crítico por parte de los padres ante los fracasos de los hijos puede aumentar considerablemente la vergüenza ante los fracasos y, al mismo tiempo, disminuir el orgullo ante los éxitos conseguidos por actividades realizadas satisfactoriamente (Alessandri y Lewi, 1996). También se ha encontrado que las emociones autoevaluativas que experimentarán los niños pueden estar condicionadas por la reacción que anticipen de los adultos (Harter y Whitesell, 1989).

Podemos dividir las emociones en positivas (p.ej.: la alegría) y negativas (p.ej.: la ira, la tristeza o el asco), esta división no significa que unas sean buenas y las otras malas, y que debamos evitar a toda costa las negativas/malas. Tanto las emociones positivas como las negativas son reacciones normales y sanas, ya que nos ayudan a adaptarnos a las distintas situaciones a las que nos enfrentamos. Aunque ambas se pueden volver dañinas en circunstancias determinadas donde pierden su funcionalidad adaptativa, por ello la importancia de un aprendizaje emocional adecuado. No debemos evitar que los niños experimenten y expresen emociones, sean positivas o negativas, tenemos que ayudarles a poder identificarlas y regularlas adecuadamente.

Además de aprender a identificar las propias emociones también deben conocer las emociones que experimentan las otras personas, de este modo fomentaremos la empatía de nuestros hijos. Una manera muy simple de trabajar la empatía es preguntándoles comhuman-753172_640o creen que se sienten otras personas o mediante libros donde les preguntemos sobre las emociones que deben experimentar los personajes, y también sobre cómo se sentirían ellos ante esa misma situación. Sobre los tres o cuatro años los niños ya empiezan a ser capaces de atribuir emociones y pensamientos a las personas, anteriormente solo eran conscientes de sus propias emociones y pensamientos. No obstante, investigaciones apuntan que los bebes de tan solo 8-10 meses ya son capaces de reconocer las expresiones emocionales de sus padres
(Feinman, 1992).

Para trabajar el tema de las emociones con nuestros hijos nos podemos ayudar de: libros específicos, que encontraremos fácilmente en cualquier librería o biblioteca; películas, como por ejemplo la última de Disney “Del revés”; y juegos, tan simples como recrear una escena con muñecos, también podemos construir un memo con distintas emociones o comprar juguetes específicos.

Por último, recalcar la importancia de hablarles de las emociones desde bien pequeños, podemos preguntarles; qué sensaciones o cambios notan en el cuerpo (p.ej.: ganas de llorar, una sonrisa, el corazón más rápido,…), qué comportamiento llevan a cabo cuando sienten esa emoción, cómo reaccionan el resto de personas ante sus emociones, etc. Y escucharles con atención cuando nos expresan como se sienten, creando un clima de confianza.

 

Referencias bibliográficas

Alessandri, S. M., y Lewi, M. (1996). Differences in pride and shame in maltreated and nonmaltreated toddlers. Child development, 67, 1857-1869.

Feinman, S. (1992). Social referencing and the social construction of reality in infancy. New York: Plenum.

Harter y Whitesell, (1989). Developmental changes in children’s understanding of simple, multiple, and blended emotion concepts. In C. Saarni & P. Harris (Eds.), Children’s understanding of emotion. Cambridge, England: Cambridge University Press

http://www.annaoropsicologa.com

 

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